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Historia de la Música

Juan Sebastián Bach no fue estimado por la nobleza alemana

Juan Sebastián Bach nunca tuvo un merecido reconocimiento en su época.
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Entre sus obras destacan los 6 conciertos de Brandemburgo que escribió para dedicárselos al Margrave de la corte de esta ciudad alemana. Pero cuando éste los recibió, sin siquiera agradecerle, los metió en un cajón polvoriento.
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Afortunadamente (para nosotros y el mundo de la música) alguien se ocupó antes de sacar una copia, y se dice que algunos de ellos fueron estrenados en vida del autor. Aunque él nunca los escuchó.

Mozart odiaba el sonido de la flauta

Aunque te sea difícil de creer, lo cierto es que Mozart no soportaba el sonido de la flauta transversal. En más de alguna ocasión afirmó: "Lo único peor al sonido de una flauta... es el de dos flautas".
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Como resultado de ello no compuso, por cuenta propia, ningún concierto para flauta. Los que existen fueron compuestos todos por encargo.
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Mozart sustituyó a la flauta por el clarinete, y creó para éste el fantástico Concierto Para Clarinete K.622. A partir de entonces empezó a considerarse como un instrumento estable dentro de las orquestas.

¿Has escuchado la obra de Beethoven: "Para Teresa"?

... ¿Para Teresa?...
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Pues si... Resulta que la famosísima bagatela para piano de Beethoven que todo el mundo conoce como "Para Elisa" (compuesta el 27 de Abril de 1810), en realidad es "Para Teresa", ya que es el título que aparece en el manuscrito original de Beethoven.
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Se cree que un error en los copistas por la mala caligrafía de este gran compositor provocó esta 'pequeña' confusión y "Teresa" se convirtió en "Elisa".

"El Barroco: contraste y desarrollo"

Muy conocidas son las etapas del siglo XVII de la pintura, la escultura, la arquitectura, pero, no en muchas ocasiones, el período barroco musical ha sido justamente tratado. Quizá sea porque, aunque discurre en paralelo al resto de las artes, la música ha recorrido otros caminos, otra evolución diferente. A la música fue el último arte al que se le aplicó el término de origen portugués "barroco". Este vocablo designaba a una perla irregular, y la evolución de su significado derivó en el siglo XVIII en una forma de designación despectiva que definía así a lo ampuloso y recargado del arte antiguo y, por ende, a la música como confusa en lo armónico, disonante, de dificultad melódica, desigual, no natural, el barroco como una forma degenerada del Renacimiento.
La música barroca, de la que vamos a tratar en estas líneas, englobaría a aquellas corrientes y maneras de hacer música desde finales del siglo XVI, aún coexistiendo con formas renacentistas, hasta mediados del XVIII, cuando comienzan a despuntar elementos musicales preclasicistas en algunas áreas de Europa.
No obstante, el territorio que dominará musicalmente al resto del viejo continente será, en concreto, Italia, donde Florencia, Roma y Nápoles serán los centros de mayor relevancia e influencia. En otros países se desarrollarán peculiares características, pero la influencia italiana en música estaría siempre latente. También influyó en el desarrollo del Barroco, desde un punto de vista histórico y político, el auge de las monarquías absolutistas, que favorecían el despliegue y florecimiento de las capillas musicales en las cortes reales. La Iglesia, empero, perderá paulatinamente su influencia en la música, y las "academias", centros de arte marcadamente laicistas, serán un punto importante para la creación musical.
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La estética barroca
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La reseña estética más sobresaliente del Barroco es la búsqueda de la intensificación emocional, una misión que se encargará de encontrar los medios expresivos máximos de emoción en la música. La textura novedosa de la monodia acompañada (una melodía completada por un bajo continuo, y sobre el que muchas veces se construye) que permite proyectar el contenido del texto, como en el recitativo, con mayor dramatización y apego al contenido del texto.
La teoría de los "affetti" o afectos humanos, que nace en Florencia, dice que la música puede transmitir sentimientos y afectar al alma del oyente, a modo de catarsis o de estímulo, con afectos de alegría, quietud o tristeza. Y la vía más efectiva para lograr estos objetivos es la aplicación de la "ley del contraste". El policoralismo veneciano de los hermanos Gabrielli, de Benevoli, etc., alababa la contraposición de planos sonoros. Nace el estilo concertado, donde la fórmula del contraste de diversos elementos musicales se hace mediante el timbre (orquesta, solistas, grupos de instrumentos, todos combinados y opuestos), como observamos en los innumerables conciertos de Antonio Vivaldi. El "tempo" de los movimientos en las obras instrumentales comienza a ser marcado por sus diferencias dinámicas de velocidad, expresión bien plasmada en las suites francesas de Lully o en las del propio Bach. Las voces comienzan a polarizarse, y nace el contraste entre voces graves y agudas, matices muy destacables en las cantatas y también ya en las primeras óperas.
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Primera etapa del Barroco
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Las primeras fases del Barroco nos remontan a la Italia a caballo entre los siglos XVI y XVII, donde asistimos a la oposición tremenda al estilo del contrapunto, reinante en los escritos musicales del Renacimiento, y se prefieren los recitativos afectivos con ritmo libre, que usaban una armonía pretonal (no como la clásica, canónica y académica archiestudiada) y cuya máxima era la expresión, recurriendo en ocasiones a la disonancia.
Esto ocurre con la música religiosa italiana de esta época, donde la iglesia va perdiendo la influencia que poseía desde la instauración de la práctica oficial del contrapunto, y nace el estilo concertado en la escuela veneciana de Andrea y Giovanni Gabrielli: policoralidad, contrastes, eco, alternancia de voces e instrumentos en la ejecución (solistas, coros, orquestas, etc.).
Por otro lado, la monodia acompañada en el estilo religioso se traduce en los recitativos sagrados de Cavallieri o Caccini. La melodía siempre se acompaña y apoya de un bajo continuo, como ocurre en las obras de Ludovico Vidiana. Pero el estilo más común y utilizado va a ser el estilo concertado, que tiene su máxima expresión en las esplendorosas "Vísperas de la Beata Virgen" de Claudio Monteverdi.
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Claudio Monteverdi y la ópera
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Precisamente Monteverdi será el gran músico de la ópera, no por ser muy prolífico o por su importancia extrema en los teatros y salones, sino por ser la piedra de toque desde la que partió, por así decirlo, el "buque fantasma" de la ópera, que, errante, ocupa aún a las huestes musicales de nuestros días, y que vio su nacimiento definitivo con un título que no hay que saltarse en la historia de la música: "La favola in musica d'Orfeo". El "Orfeo" de Monteverdi es la primera gran obra del género operístico, estrenada allá por 1607 en la "Academia degli Invaghiti" de Mantua, ante el gran duque de esa ciudad y, a la sazón, dedicatario de la obra. La preocupación de Claudio Monteverdi despunta en esta obra con el logro de una coherencia musical y dramática, que alterna recitativos expresivos y descriptivos de la acción (a veces llenos de patetismo), arias de recreo, intervenciones corales e interludios concertantes instrumentales, sin olvidar canciones de danza, dúos, y madrigales. A esto se le une el carácter musicante del argumento (Orfeo es invencible gracias al poder "hipnótico" de su lira) que subraya la filosofía musical del autor.
La estilización y enriquecimiento expresivo que aporta la introducción de la música a un libreto dramático, proceso del que resulta el producto de la ópera, tuvo otros primeros ejemplos en la época barroca, como son "Dafne" y "Eurídice" (primera ópera completa que conocemos) de Jacopo Peri (1561-1633), la "Eurídice" de Giulio Caccini (c.1550-1618), o, por último,"Anima e Corpo" de Emilio de Cavallieri (ca. 1550-1602).
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Madrigales y otros cantos
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Una de las formas musicales que van casi siempre unidas, en primer término, al nombre de Monteverdi es el "madrigal". El propio compositor mostró en este tipo de obras el salto o el camino de cambio del Renacimiento al Barroco musicales. Monteverdi comenzó a componer madrigales al estilo renacentista (contrapuntístico), pero él mismo cambió paulatinamente su práctica musical, e introdujo la monodia acompañada (que subraya grandemente, con recitativos, la claridad, expresión e importancia dramática del texto cantado), el estilo concertante, el empleo fijo del bajo continuo y la utilización de instrumentos con "ritornellos" (interludios instrumentales).
Hasta ahora hemos visto que la música ha estado subordinada al texto, pero en la siguiente etapa barroca se va a desarrollar el estilo del "bel canto", una nueva concepción de la melodía que pretende que la música se coordine y no se subordine a los dictados de las letras. Las melodías serán bien definidas y breves, se impulsará la utilización del ideal sonoro de la voz del castrato, y se empleará el modelo de la música de danza (donde predominaba el ritmo ternario), evitándose, en cambio, grandes contrastes rítmicos. Esta nueva postura italiana con respecto a la escritura vocal ayudará a la diferenciación entre recitativo y aria, aún no muy diluida en estos tiempos del Barroco, aumentando así el estilo belcantista el melodismo y el preciosismo calmado del "aria", en oposición a la sequedad del cada vez más diferente y alejado recitativo.
La cantata de cámara (sucesora del madrigal) desarrollará estos principios, estilo en el que destacaron los prolíficos Luigi Rossi (con alrededor de 375 cantatas compuestas), Giacomo Carissimi o Antonio Casti.
El oratorio, la composición dramática sagrada que presenta un tema bíblico, nace como sustituto de la ópera en época de Semana Santa, cuando estaban prohibidas las representaciones dramáticas. La diferencia básica con respecto a la ópera estriba en que el oratorio no es representado escénicamente, carencia que se suple con la intervención del narrador, y apela abiertamente a la imaginación del público. La gran obra de Cavallieri "Rappresentatione d'anima et de corpo" puede considerarse como el primer oratorio. Destacaremos también la figura de Giacomo Carissimi y sus quince oratorios, basados en su mayoría en el Antiguo Testamento, aunque sean más conocidos los aportes posteriores de Johann Sebastian Bach y sus indiscutiblemente magistrales oratorios evangélicos (las Pasiones según San Juan y según San Mateo) o el quehacer de (un germano en la corte inglesa) Friedrich Haendel y su gran número obras en este campo.
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Henry Purcell
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Precisamente el barroco inglés, dejando a un lado el barroco francés de corte de Lully (autor de suites de orquesta y ballet, y de algunas óperas) y el conservadurismo del barroco alemán previo a Bach (con Praetorius, Schein, Scheidt y Schütz, concentrados en el coral luterano y desbordados por las influencias italianas), será el estilo que aportará una figura importante al espectro operístico: Henry Purcell. Compositor de las típicas obras religiosas anglicanas "anthems" y "services", con su compatriota y maestro John Blow, fue organista en la londinense abadía de Westminster desde 1679. Abordó variados géneros, pero su obra maestra es la ópera "Dido y Eneas", sobre un libreto del dramaturgo británico Nahum Tate que representa la historia de un capítulo de la "Eneida" de Virgilio. Es una ópera "en miniatura", escrita para un internado de niñas de Chelsea (colegio sito en este, actualmente, barrio de Londres), con tan sólo orquesta de cuerdas y continuo, y cuatro papeles vocales. Influencias italianas y francesas en tres actos que incluyen danzas y coros son otras de sus características.
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El barroco instrumental
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El último capítulo barroco que veremos será el apartado de la música instrumental. Ya se ha mencionado a los instrumentos como parte integrante de algunas obras, y, sobre todo, dentro de la orquesta. La orquesta o conjunto instrumental que se establecerá en el Barroco es el grupo de las cuerdas frotadas: violines, violas, violoncelos y contrabajos. También citaremos los instrumentos de cámara más usados, que son los "cornetti", la trompeta y la flauta dulce.
Con esta base, y las aportaciones de las novedades estilísticas del barroco musical, la música para instrumentos experimenta un desarrollo notorio y primario, tras la subordinación o relego a la sustitución de voces vocales que sufrieron en el Renacimiento. La sonata es un género instrumental camerístico que surge en el Barroco en el que intervienen varios (pocos) instrumentos y el apoyo del bajo continuo. Eran colecciones de danzas constituidas por movimientos rápidos y lentos, y que se interpretaban en salas o cámaras ("sonata da camera") o en los interludios o descansos y silencios de la liturgia eclesiástica ("sonata da chiesa").
Arcangelo Corelli (1653-1713), representante de la influyente Escuela de Bolonia, fue el primer compositor de este género, concentrando su producción en los instrumentos de cuerda. Su influencia llegó a ser decisiva en el desarrollo de la sonata en compositores como Purcell, Haendel o Buxtehude, y sirvió de principio para las sonatas de Albinoni, Vivaldi o Veracini.
La música escrita para conjunto orquestal se concentra en la estilización de dos líneas principales: la suite orquestal y el "concerto". Las suites, derivadas de las sonatas de cámara, es una sucesión contrastada de danzas que siguen el esquema de los ballets y óperas del francés Jean-Baptiste Lully, comenzando normalmente con una obertura. Es música pensada para la diversión cortesana y el creciente público burgués de la segunda mitad del siglo XVII en Alemania.
Por otra parte, el "concerto" supone la síntesis del principio concertado, la monodia acompañada, la organización tonal y la sucesión de movimientos alternos, características que han teñido, hasta ese momento, a toda la música barroca. El concierto consistía en una composición, generalmente tripartita, que combinaba y oponía las diversas voces e instrumentos de la orquesta en una armonía y acuerdo ("concierto") en forma de diálogo. Arcangelo Corelli vuelve a ser una figura importante en el desarrollo de esta forma musical, y escribió varias colecciones de "concerti grossi" (donde un pequeño grupo de instrumentos se enfrenta al resto de la orquesta), siguiendo cercanamente el patrón de las sonatas de cámara e iglesia.
La otra gran figura del concierto barroco es el enormemente prolífico Antonio Vivaldi. El "cura pelirrojo" de Venecia ejerció como maestro de música en el hospicio de La Piedad de Venecia. Con él, el concierto "a solo" (para instrumento solista y orquesta) llega a su máxima expresión. No podemos olvidar su ciclo de carácter programático "Las Cuatro Estaciones", colección de otros tantos conciertos para violín y orquesta, ejemplo magnánimo de la composición concertística y una de las piedras preciosas que fundan el repertorio de todo buen amante y aficionado a la música clásica.
Tan sólo nos quedaría por tratar las míticas figuras de Juan Sebastián Bach y Friedrich Haendel, máximos baluartes del quehacer barroco, autores que tocaron diversos géneros y formas y que establecieron una importante y generosa base para su posterior desarrollo en lo que se vendría llamar el período del estilo clásico (o "clasicismo"). Pero merecerían un buen capítulo aparte, al igual que la continuación de la historia operística, que comienza a diverger entre seria y bufa, pie para la creación de los géneros operísticos que, desde una época más tardía, con Mozart, por ejemplo, se establecerían en el clasicismo y llegarían a su cumbre en el siglo XIX.
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Artículo encontrado en la siguiente dirección: http://presencias.net/indpdm.html?http://presencias.net/histor/ht2028.html

"El Barroco: contraste y desarrollo"

Muy conocidas son las etapas del siglo XVII de la pintura, la escultura, la arquitectura, pero, no en muchas ocasiones, el período barroco musical ha sido justamente tratado. Quizá sea porque, aunque discurre en paralelo al resto de las artes, la música ha recorrido otros caminos, otra evolución diferente. A la música fue el último arte al que se le aplicó el término de origen portugués "barroco". Este vocablo designaba a una perla irregular, y la evolución de su significado derivó en el siglo XVIII en una forma de designación despectiva que definía así a lo ampuloso y recargado del arte antiguo y, por ende, a la música como confusa en lo armónico, disonante, de dificultad melódica, desigual, no natural, el barroco como una forma degenerada del Renacimiento.
La música barroca, de la que vamos a tratar en estas líneas, englobaría a aquellas corrientes y maneras de hacer música desde finales del siglo XVI, aún coexistiendo con formas renacentistas, hasta mediados del XVIII, cuando comienzan a despuntar elementos musicales preclasicistas en algunas áreas de Europa.
No obstante, el territorio que dominará musicalmente al resto del viejo continente será, en concreto, Italia, donde Florencia, Roma y Nápoles serán los centros de mayor relevancia e influencia. En otros países se desarrollarán peculiares características, pero la influencia italiana en música estaría siempre latente. También influyó en el desarrollo del Barroco, desde un punto de vista histórico y político, el auge de las monarquías absolutistas, que favorecían el despliegue y florecimiento de las capillas musicales en las cortes reales. La Iglesia, empero, perderá paulatinamente su influencia en la música, y las "academias", centros de arte marcadamente laicistas, serán un punto importante para la creación musical.

La estética barroca

La reseña estética más sobresaliente del Barroco es la búsqueda de la intensificación emocional, una misión que se encargará de encontrar los medios expresivos máximos de emoción en la música. La textura novedosa de la monodia acompañada (una melodía completada por un bajo continuo, y sobre el que muchas veces se construye) que permite proyectar el contenido del texto, como en el recitativo, con mayor dramatización y apego al contenido del texto.
La teoría de los "affetti" o afectos humanos, que nace en Florencia, dice que la música puede transmitir sentimientos y afectar al alma del oyente, a modo de catarsis o de estímulo, con afectos de alegría, quietud o tristeza. Y la vía más efectiva para lograr estos objetivos es la aplicación de la "ley del contraste". El policoralismo veneciano de los hermanos Gabrielli, de Benevoli, etc., alababa la contraposición de planos sonoros. Nace el estilo concertado, donde la fórmula del contraste de diversos elementos musicales se hace mediante el timbre (orquesta, solistas, grupos de instrumentos, todos combinados y opuestos), como observamos en los innumerables conciertos de Antonio Vivaldi. El "tempo" de los movimientos en las obras instrumentales comienza a ser marcado por sus diferencias dinámicas de velocidad, expresión bien plasmada en las suites francesas de Lully o en las del propio Bach. Las voces comienzan a polarizarse, y nace el contraste entre voces graves y agudas, matices muy destacables en las cantatas y también ya en las primeras óperas.

Primera etapa del Barroco

Las primeras fases del Barroco nos remontan a la Italia a caballo entre los siglos XVI y XVII, donde asistimos a la oposición tremenda al estilo del contrapunto, reinante en los escritos musicales del Renacimiento, y se prefieren los recitativos afectivos con ritmo libre, que usaban una armonía pretonal (no como la clásica, canónica y académica archiestudiada) y cuya máxima era la expresión, recurriendo en ocasiones a la disonancia.
Esto ocurre con la música religiosa italiana de esta época, donde la iglesia va perdiendo la influencia que poseía desde la instauración de la práctica oficial del contrapunto, y nace el estilo concertado en la escuela veneciana de Andrea y Giovanni Gabrielli: policoralidad, contrastes, eco, alternancia de voces e instrumentos en la ejecución (solistas, coros, orquestas, etc.).
Por otro lado, la monodia acompañada en el estilo religioso se traduce en los recitativos sagrados de Cavallieri o Caccini. La melodía siempre se acompaña y apoya de un bajo continuo, como ocurre en las obras de Ludovico Vidiana. Pero el estilo más común y utilizado va a ser el estilo concertado, que tiene su máxima expresión en las esplendorosas "Vísperas de la Beata Virgen" de Claudio Monteverdi.

Claudio Monteverdi y la ópera

Precisamente Monteverdi será el gran músico de la ópera, no por ser muy prolífico o por su importancia extrema en los teatros y salones, sino por ser la piedra de toque desde la que partió, por así decirlo, el "buque fantasma" de la ópera, que, errante, ocupa aún a las huestes musicales de nuestros días, y que vio su nacimiento definitivo con un título que no hay que saltarse en la historia de la música: "La favola in musica d'Orfeo". El "Orfeo" de Monteverdi es la primera gran obra del género operístico, estrenada allá por 1607 en la "Academia degli Invaghiti" de Mantua, ante el gran duque de esa ciudad y, a la sazón, dedicatario de la obra. La preocupación de Claudio Monteverdi despunta en esta obra con el logro de una coherencia musical y dramática, que alterna recitativos expresivos y descriptivos de la acción (a veces llenos de patetismo), arias de recreo, intervenciones corales e interludios concertantes instrumentales, sin olvidar canciones de danza, dúos, y madrigales. A esto se le une el carácter musicante del argumento (Orfeo es invencible gracias al poder "hipnótico" de su lira) que subraya la filosofía musical del autor.
La estilización y enriquecimiento expresivo que aporta la introducción de la música a un libreto dramático, proceso del que resulta el producto de la ópera, tuvo otros primeros ejemplos en la época barroca, como son "Dafne" y "Eurídice" (primera ópera completa que conocemos) de Jacopo Peri (1561-1633), la "Eurídice" de Giulio Caccini (c.1550-1618), o, por último,"Anima e Corpo" de Emilio de Cavallieri (ca. 1550-1602).

Madrigales y otros cantos

Una de las formas musicales que van casi siempre unidas, en primer término, al nombre de Monteverdi es el "madrigal". El propio compositor mostró en este tipo de obras el salto o el camino de cambio del Renacimiento al Barroco musicales. Monteverdi comenzó a componer madrigales al estilo renacentista (contrapuntístico), pero él mismo cambió paulatinamente su práctica musical, e introdujo la monodia acompañada (que subraya grandemente, con recitativos, la claridad, expresión e importancia dramática del texto cantado), el estilo concertante, el empleo fijo del bajo continuo y la utilización de instrumentos con "ritornellos" (interludios instrumentales).
Hasta ahora hemos visto que la música ha estado subordinada al texto, pero en la siguiente etapa barroca se va a desarrollar el estilo del "bel canto", una nueva concepción de la melodía que pretende que la música se coordine y no se subordine a los dictados de las letras. Las melodías serán bien definidas y breves, se impulsará la utilización del ideal sonoro de la voz del castrato, y se empleará el modelo de la música de danza (donde predominaba el ritmo ternario), evitándose, en cambio, grandes contrastes rítmicos. Esta nueva postura italiana con respecto a la escritura vocal ayudará a la diferenciación entre recitativo y aria, aún no muy diluida en estos tiempos del Barroco, aumentando así el estilo belcantista el melodismo y el preciosismo calmado del "aria", en oposición a la sequedad del cada vez más diferente y alejado recitativo.
La cantata de cámara (sucesora del madrigal) desarrollará estos principios, estilo en el que destacaron los prolíficos Luigi Rossi (con alrededor de 375 cantatas compuestas), Giacomo Carissimi o Antonio Casti.
El oratorio, la composición dramática sagrada que presenta un tema bíblico, nace como sustituto de la ópera en época de Semana Santa, cuando estaban prohibidas las representaciones dramáticas. La diferencia básica con respecto a la ópera estriba en que el oratorio no es representado escénicamente, carencia que se suple con la intervención del narrador, y apela abiertamente a la imaginación del público. La gran obra de Cavallieri "Rappresentatione d'anima et de corpo" puede considerarse como el primer oratorio. Destacaremos también la figura de Giacomo Carissimi y sus quince oratorios, basados en su mayoría en el Antiguo Testamento, aunque sean más conocidos los aportes posteriores de Johann Sebastian Bach y sus indiscutiblemente magistrales oratorios evangélicos (las Pasiones según San Juan y según San Mateo) o el quehacer de (un germano en la corte inglesa) Friedrich Haendel y su gran número obras en este campo.

Henry Purcell

Precisamente el barroco inglés, dejando a un lado el barroco francés de corte de Lully (autor de suites de orquesta y ballet, y de algunas óperas) y el conservadurismo del barroco alemán previo a Bach (con Praetorius, Schein, Scheidt y Schütz, concentrados en el coral luterano y desbordados por las influencias italianas), será el estilo que aportará una figura importante al espectro operístico: Henry Purcell. Compositor de las típicas obras religiosas anglicanas "anthems" y "services", con su compatriota y maestro John Blow, fue organista en la londinense abadía de Westminster desde 1679. Abordó variados géneros, pero su obra maestra es la ópera "Dido y Eneas", sobre un libreto del dramaturgo británico Nahum Tate que representa la historia de un capítulo de la "Eneida" de Virgilio. Es una ópera "en miniatura", escrita para un internado de niñas de Chelsea (colegio sito en este, actualmente, barrio de Londres), con tan sólo orquesta de cuerdas y continuo, y cuatro papeles vocales. Influencias italianas y francesas en tres actos que incluyen danzas y coros son otras de sus características.

El barroco instrumental

El último capítulo barroco que veremos será el apartado de la música instrumental. Ya se ha mencionado a los instrumentos como parte integrante de algunas obras, y, sobre todo, dentro de la orquesta. La orquesta o conjunto instrumental que se establecerá en el Barroco es el grupo de las cuerdas frotadas: violines, violas, violoncelos y contrabajos. También citaremos los instrumentos de cámara más usados, que son los "cornetti", la trompeta y la flauta dulce.
Con esta base, y las aportaciones de las novedades estilísticas del barroco musical, la música para instrumentos experimenta un desarrollo notorio y primario, tras la subordinación o relego a la sustitución de voces vocales que sufrieron en el Renacimiento. La sonata es un género instrumental camerístico que surge en el Barroco en el que intervienen varios (pocos) instrumentos y el apoyo del bajo continuo. Eran colecciones de danzas constituidas por movimientos rápidos y lentos, y que se interpretaban en salas o cámaras ("sonata da camera") o en los interludios o descansos y silencios de la liturgia eclesiástica ("sonata da chiesa").
Arcangelo Corelli (1653-1713), representante de la influyente Escuela de Bolonia, fue el primer compositor de este género, concentrando su producción en los instrumentos de cuerda. Su influencia llegó a ser decisiva en el desarrollo de la sonata en compositores como Purcell, Haendel o Buxtehude, y sirvió de principio para las sonatas de Albinoni, Vivaldi o Veracini.
La música escrita para conjunto orquestal se concentra en la estilización de dos líneas principales: la suite orquestal y el "concerto". Las suites, derivadas de las sonatas de cámara, es una sucesión contrastada de danzas que siguen el esquema de los ballets y óperas del francés Jean-Baptiste Lully, comenzando normalmente con una obertura. Es música pensada para la diversión cortesana y el creciente público burgués de la segunda mitad del siglo XVII en Alemania.
Por otra parte, el "concerto" supone la síntesis del principio concertado, la monodia acompañada, la organización tonal y la sucesión de movimientos alternos, características que han teñido, hasta ese momento, a toda la música barroca. El concierto consistía en una composición, generalmente tripartita, que combinaba y oponía las diversas voces e instrumentos de la orquesta en una armonía y acuerdo ("concierto") en forma de diálogo. Arcangelo Corelli vuelve a ser una figura importante en el desarrollo de esta forma musical, y escribió varias colecciones de "concerti grossi" (donde un pequeño grupo de instrumentos se enfrenta al resto de la orquesta), siguiendo cercanamente el patrón de las sonatas de cámara e iglesia.
La otra gran figura del concierto barroco es el enormemente prolífico Antonio Vivaldi. El "cura pelirrojo" de Venecia ejerció como maestro de música en el hospicio de La Piedad de Venecia. Con él, el concierto "a solo" (para instrumento solista y orquesta) llega a su máxima expresión. No podemos olvidar su ciclo de carácter programático "Las Cuatro Estaciones", colección de otros tantos conciertos para violín y orquesta, ejemplo magnánimo de la composición concertística y una de las piedras preciosas que fundan el repertorio de todo buen amante y aficionado a la música clásica.
Tan sólo nos quedaría por tratar las míticas figuras de Juan Sebastián Bach y Friedrich Haendel, máximos baluartes del quehacer barroco, autores que tocaron diversos géneros y formas y que establecieron una importante y generosa base para su posterior desarrollo en lo que se vendría llamar el período del estilo clásico (o "clasicismo"). Pero merecerían un buen capítulo aparte, al igual que la continuación de la historia operística, que comienza a diverger entre seria y bufa, pie para la creación de los géneros operísticos que, desde una época más tardía, con Mozart, por ejemplo, se establecerían en el clasicismo y llegarían a su cumbre en el siglo XIX.

Artículo encontrado en la siguiente dirección: http://presencias.net/indpdm.html?http://presencias.net/histor/ht2028.html

"El Barroco: contraste y desarrollo"

Muy conocidas son las etapas del siglo XVII de la pintura, la escultura, la arquitectura, pero, no en muchas ocasiones, el período barroco musical ha sido justamente tratado. Quizá sea porque, aunque discurre en paralelo al resto de las artes, la música ha recorrido otros caminos, otra evolución diferente. A la música fue el último arte al que se le aplicó el término de origen portugués "barroco". Este vocablo designaba a una perla irregular, y la evolución de su significado derivó en el siglo XVIII en una forma de designación despectiva que definía así a lo ampuloso y recargado del arte antiguo y, por ende, a la música como confusa en lo armónico, disonante, de dificultad melódica, desigual, no natural, el barroco como una forma degenerada del Renacimiento.
La música barroca, de la que vamos a tratar en estas líneas, englobaría a aquellas corrientes y maneras de hacer música desde finales del siglo XVI, aún coexistiendo con formas renacentistas, hasta mediados del XVIII, cuando comienzan a despuntar elementos musicales preclasicistas en algunas áreas de Europa.
No obstante, el territorio que dominará musicalmente al resto del viejo continente será, en concreto, Italia, donde Florencia, Roma y Nápoles serán los centros de mayor relevancia e influencia. En otros países se desarrollarán peculiares características, pero la influencia italiana en música estaría siempre latente. También influyó en el desarrollo del Barroco, desde un punto de vista histórico y político, el auge de las monarquías absolutistas, que favorecían el despliegue y florecimiento de las capillas musicales en las cortes reales. La Iglesia, empero, perderá paulatinamente su influencia en la música, y las "academias", centros de arte marcadamente laicistas, serán un punto importante para la creación musical.

La estética barroca

La reseña estética más sobresaliente del Barroco es la búsqueda de la intensificación emocional, una misión que se encargará de encontrar los medios expresivos máximos de emoción en la música. La textura novedosa de la monodia acompañada (una melodía completada por un bajo continuo, y sobre el que muchas veces se construye) que permite proyectar el contenido del texto, como en el recitativo, con mayor dramatización y apego al contenido del texto.
La teoría de los "affetti" o afectos humanos, que nace en Florencia, dice que la música puede transmitir sentimientos y afectar al alma del oyente, a modo de catarsis o de estímulo, con afectos de alegría, quietud o tristeza. Y la vía más efectiva para lograr estos objetivos es la aplicación de la "ley del contraste". El policoralismo veneciano de los hermanos Gabrielli, de Benevoli, etc., alababa la contraposición de planos sonoros. Nace el estilo concertado, donde la fórmula del contraste de diversos elementos musicales se hace mediante el timbre (orquesta, solistas, grupos de instrumentos, todos combinados y opuestos), como observamos en los innumerables conciertos de Antonio Vivaldi. El "tempo" de los movimientos en las obras instrumentales comienza a ser marcado por sus diferencias dinámicas de velocidad, expresión bien plasmada en las suites francesas de Lully o en las del propio Bach. Las voces comienzan a polarizarse, y nace el contraste entre voces graves y agudas, matices muy destacables en las cantatas y también ya en las primeras óperas.

Primera etapa del Barroco

Las primeras fases del Barroco nos remontan a la Italia a caballo entre los siglos XVI y XVII, donde asistimos a la oposición tremenda al estilo del contrapunto, reinante en los escritos musicales del Renacimiento, y se prefieren los recitativos afectivos con ritmo libre, que usaban una armonía pretonal (no como la clásica, canónica y académica archiestudiada) y cuya máxima era la expresión, recurriendo en ocasiones a la disonancia.
Esto ocurre con la música religiosa italiana de esta época, donde la iglesia va perdiendo la influencia que poseía desde la instauración de la práctica oficial del contrapunto, y nace el estilo concertado en la escuela veneciana de Andrea y Giovanni Gabrielli: policoralidad, contrastes, eco, alternancia de voces e instrumentos en la ejecución (solistas, coros, orquestas, etc.).
Por otro lado, la monodia acompañada en el estilo religioso se traduce en los recitativos sagrados de Cavallieri o Caccini. La melodía siempre se acompaña y apoya de un bajo continuo, como ocurre en las obras de Ludovico Vidiana. Pero el estilo más común y utilizado va a ser el estilo concertado, que tiene su máxima expresión en las esplendorosas "Vísperas de la Beata Virgen" de Claudio Monteverdi.

Claudio Monteverdi y la ópera

Precisamente Monteverdi será el gran músico de la ópera, no por ser muy prolífico o por su importancia extrema en los teatros y salones, sino por ser la piedra de toque desde la que partió, por así decirlo, el "buque fantasma" de la ópera, que, errante, ocupa aún a las huestes musicales de nuestros días, y que vio su nacimiento definitivo con un título que no hay que saltarse en la historia de la música: "La favola in musica d'Orfeo". El "Orfeo" de Monteverdi es la primera gran obra del género operístico, estrenada allá por 1607 en la "Academia degli Invaghiti" de Mantua, ante el gran duque de esa ciudad y, a la sazón, dedicatario de la obra. La preocupación de Claudio Monteverdi despunta en esta obra con el logro de una coherencia musical y dramática, que alterna recitativos expresivos y descriptivos de la acción (a veces llenos de patetismo), arias de recreo, intervenciones corales e interludios concertantes instrumentales, sin olvidar canciones de danza, dúos, y madrigales. A esto se le une el carácter musicante del argumento (Orfeo es invencible gracias al poder "hipnótico" de su lira) que subraya la filosofía musical del autor.
La estilización y enriquecimiento expresivo que aporta la introducción de la música a un libreto dramático, proceso del que resulta el producto de la ópera, tuvo otros primeros ejemplos en la época barroca, como son "Dafne" y "Eurídice" (primera ópera completa que conocemos) de Jacopo Peri (1561-1633), la "Eurídice" de Giulio Caccini (c.1550-1618), o, por último,"Anima e Corpo" de Emilio de Cavallieri (ca. 1550-1602).

Madrigales y otros cantos

Una de las formas musicales que van casi siempre unidas, en primer término, al nombre de Monteverdi es el "madrigal". El propio compositor mostró en este tipo de obras el salto o el camino de cambio del Renacimiento al Barroco musicales. Monteverdi comenzó a componer madrigales al estilo renacentista (contrapuntístico), pero él mismo cambió paulatinamente su práctica musical, e introdujo la monodia acompañada (que subraya grandemente, con recitativos, la claridad, expresión e importancia dramática del texto cantado), el estilo concertante, el empleo fijo del bajo continuo y la utilización de instrumentos con "ritornellos" (interludios instrumentales).
Hasta ahora hemos visto que la música ha estado subordinada al texto, pero en la siguiente etapa barroca se va a desarrollar el estilo del "bel canto", una nueva concepción de la melodía que pretende que la música se coordine y no se subordine a los dictados de las letras. Las melodías serán bien definidas y breves, se impulsará la utilización del ideal sonoro de la voz del castrato, y se empleará el modelo de la música de danza (donde predominaba el ritmo ternario), evitándose, en cambio, grandes contrastes rítmicos. Esta nueva postura italiana con respecto a la escritura vocal ayudará a la diferenciación entre recitativo y aria, aún no muy diluida en estos tiempos del Barroco, aumentando así el estilo belcantista el melodismo y el preciosismo calmado del "aria", en oposición a la sequedad del cada vez más diferente y alejado recitativo.
La cantata de cámara (sucesora del madrigal) desarrollará estos principios, estilo en el que destacaron los prolíficos Luigi Rossi (con alrededor de 375 cantatas compuestas), Giacomo Carissimi o Antonio Casti.
El oratorio, la composición dramática sagrada que presenta un tema bíblico, nace como sustituto de la ópera en época de Semana Santa, cuando estaban prohibidas las representaciones dramáticas. La diferencia básica con respecto a la ópera estriba en que el oratorio no es representado escénicamente, carencia que se suple con la intervención del narrador, y apela abiertamente a la imaginación del público. La gran obra de Cavallieri "Rappresentatione d'anima et de corpo" puede considerarse como el primer oratorio. Destacaremos también la figura de Giacomo Carissimi y sus quince oratorios, basados en su mayoría en el Antiguo Testamento, aunque sean más conocidos los aportes posteriores de Johann Sebastian Bach y sus indiscutiblemente magistrales oratorios evangélicos (las Pasiones según San Juan y según San Mateo) o el quehacer de (un germano en la corte inglesa) Friedrich Haendel y su gran número obras en este campo.

Henry Purcell

Precisamente el barroco inglés, dejando a un lado el barroco francés de corte de Lully (autor de suites de orquesta y ballet, y de algunas óperas) y el conservadurismo del barroco alemán previo a Bach (con Praetorius, Schein, Scheidt y Schütz, concentrados en el coral luterano y desbordados por las influencias italianas), será el estilo que aportará una figura importante al espectro operístico: Henry Purcell. Compositor de las típicas obras religiosas anglicanas "anthems" y "services", con su compatriota y maestro John Blow, fue organista en la londinense abadía de Westminster desde 1679. Abordó variados géneros, pero su obra maestra es la ópera "Dido y Eneas", sobre un libreto del dramaturgo británico Nahum Tate que representa la historia de un capítulo de la "Eneida" de Virgilio. Es una ópera "en miniatura", escrita para un internado de niñas de Chelsea (colegio sito en este, actualmente, barrio de Londres), con tan sólo orquesta de cuerdas y continuo, y cuatro papeles vocales. Influencias italianas y francesas en tres actos que incluyen danzas y coros son otras de sus características.

El barroco instrumental

El último capítulo barroco que veremos será el apartado de la música instrumental. Ya se ha mencionado a los instrumentos como parte integrante de algunas obras, y, sobre todo, dentro de la orquesta. La orquesta o conjunto instrumental que se establecerá en el Barroco es el grupo de las cuerdas frotadas: violines, violas, violoncelos y contrabajos. También citaremos los instrumentos de cámara más usados, que son los "cornetti", la trompeta y la flauta dulce.
Con esta base, y las aportaciones de las novedades estilísticas del barroco musical, la música para instrumentos experimenta un desarrollo notorio y primario, tras la subordinación o relego a la sustitución de voces vocales que sufrieron en el Renacimiento. La sonata es un género instrumental camerístico que surge en el Barroco en el que intervienen varios (pocos) instrumentos y el apoyo del bajo continuo. Eran colecciones de danzas constituidas por movimientos rápidos y lentos, y que se interpretaban en salas o cámaras ("sonata da camera") o en los interludios o descansos y silencios de la liturgia eclesiástica ("sonata da chiesa").
Arcangelo Corelli (1653-1713), representante de la influyente Escuela de Bolonia, fue el primer compositor de este género, concentrando su producción en los instrumentos de cuerda. Su influencia llegó a ser decisiva en el desarrollo de la sonata en compositores como Purcell, Haendel o Buxtehude, y sirvió de principio para las sonatas de Albinoni, Vivaldi o Veracini.
La música escrita para conjunto orquestal se concentra en la estilización de dos líneas principales: la suite orquestal y el "concerto". Las suites, derivadas de las sonatas de cámara, es una sucesión contrastada de danzas que siguen el esquema de los ballets y óperas del francés Jean-Baptiste Lully, comenzando normalmente con una obertura. Es música pensada para la diversión cortesana y el creciente público burgués de la segunda mitad del siglo XVII en Alemania.
Por otra parte, el "concerto" supone la síntesis del principio concertado, la monodia acompañada, la organización tonal y la sucesión de movimientos alternos, características que han teñido, hasta ese momento, a toda la música barroca. El concierto consistía en una composición, generalmente tripartita, que combinaba y oponía las diversas voces e instrumentos de la orquesta en una armonía y acuerdo ("concierto") en forma de diálogo. Arcangelo Corelli vuelve a ser una figura importante en el desarrollo de esta forma musical, y escribió varias colecciones de "concerti grossi" (donde un pequeño grupo de instrumentos se enfrenta al resto de la orquesta), siguiendo cercanamente el patrón de las sonatas de cámara e iglesia.
La otra gran figura del concierto barroco es el enormemente prolífico Antonio Vivaldi. El "cura pelirrojo" de Venecia ejerció como maestro de música en el hospicio de La Piedad de Venecia. Con él, el concierto "a solo" (para instrumento solista y orquesta) llega a su máxima expresión. No podemos olvidar su ciclo de carácter programático "Las Cuatro Estaciones", colección de otros tantos conciertos para violín y orquesta, ejemplo magnánimo de la composición concertística y una de las piedras preciosas que fundan el repertorio de todo buen amante y aficionado a la música clásica.
Tan sólo nos quedaría por tratar las míticas figuras de Juan Sebastián Bach y Friedrich Haendel, máximos baluartes del quehacer barroco, autores que tocaron diversos géneros y formas y que establecieron una importante y generosa base para su posterior desarrollo en lo que se vendría llamar el período del estilo clásico (o "clasicismo"). Pero merecerían un buen capítulo aparte, al igual que la continuación de la historia operística, que comienza a diverger entre seria y bufa, pie para la creación de los géneros operísticos que, desde una época más tardía, con Mozart, por ejemplo, se establecerían en el clasicismo y llegarían a su cumbre en el siglo XIX.

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"El Barroco: contraste y desarrollo"

Muy conocidas son las etapas del siglo XVII de la pintura, la escultura, la arquitectura, pero, no en muchas ocasiones, el período barroco musical ha sido justamente tratado. Quizá sea porque, aunque discurre en paralelo al resto de las artes, la música ha recorrido otros caminos, otra evolución diferente. A la música fue el último arte al que se le aplicó el término de origen portugués "barroco". Este vocablo designaba a una perla irregular, y la evolución de su significado derivó en el siglo XVIII en una forma de designación despectiva que definía así a lo ampuloso y recargado del arte antiguo y, por ende, a la música como confusa en lo armónico, disonante, de dificultad melódica, desigual, no natural, el barroco como una forma degenerada del Renacimiento.
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La música barroca, de la que vamos a tratar en estas líneas, englobaría a aquellas corrientes y maneras de hacer música desde finales del siglo XVI, aún coexistiendo con formas renacentistas, hasta mediados del XVIII, cuando comienzan a despuntar elementos musicales preclasicistas en algunas áreas de Europa.
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No obstante, el territorio que dominará musicalmente al resto del viejo continente será, en concreto, Italia, donde Florencia, Roma y Nápoles serán los centros de mayor relevancia e influencia. En otros países se desarrollarán peculiares características, pero la influencia italiana en música estaría siempre latente. También influyó en el desarrollo del Barroco, desde un punto de vista histórico y político, el auge de las monarquías absolutistas, que favorecían el despliegue y florecimiento de las capillas musicales en las cortes reales. La Iglesia, empero, perderá paulatinamente su influencia en la música, y las "academias", centros de arte marcadamente laicistas, serán un punto importante para la creación musical.
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La estética barroca
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La reseña estética más sobresaliente del Barroco es la búsqueda de la intensificación emocional, una misión que se encargará de encontrar los medios expresivos máximos de emoción en la música. La textura novedosa de la monodia acompañada (una melodía completada por un bajo continuo, y sobre el que muchas veces se construye) que permite proyectar el contenido del texto, como en el recitativo, con mayor dramatización y apego al contenido del texto.
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La teoría de los "affetti" o afectos humanos, que nace en Florencia, dice que la música puede transmitir sentimientos y afectar al alma del oyente, a modo de catarsis o de estímulo, con afectos de alegría, quietud o tristeza. Y la vía más efectiva para lograr estos objetivos es la aplicación de la "ley del contraste". El policoralismo veneciano de los hermanos Gabrielli, de Benevoli, etc., alababa la contraposición de planos sonoros. Nace el estilo concertado, donde la fórmula del contraste de diversos elementos musicales se hace mediante el timbre (orquesta, solistas, grupos de instrumentos, todos combinados y opuestos), como observamos en los innumerables conciertos de Antonio Vivaldi. El "tempo" de los movimientos en las obras instrumentales comienza a ser marcado por sus diferencias dinámicas de velocidad, expresión bien plasmada en las suites francesas de Lully o en las del propio Bach. Las voces comienzan a polarizarse, y nace el contraste entre voces graves y agudas, matices muy destacables en las cantatas y también ya en las primeras óperas.
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Primera etapa del Barroco
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Las primeras fases del Barroco nos remontan a la Italia a caballo entre los siglos XVI y XVII, donde asistimos a la oposición tremenda al estilo del contrapunto, reinante en los escritos musicales del Renacimiento, y se prefieren los recitativos afectivos con ritmo libre, que usaban una armonía pretonal (no como la clásica, canónica y académica archiestudiada) y cuya máxima era la expresión, recurriendo en ocasiones a la disonancia.
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Esto ocurre con la música religiosa italiana de esta época, donde la iglesia va perdiendo la influencia que poseía desde la instauración de la práctica oficial del contrapunto, y nace el estilo concertado en la escuela veneciana de Andrea y Giovanni Gabrielli: policoralidad, contrastes, eco, alternancia de voces e instrumentos en la ejecución (solistas, coros, orquestas, etc.).
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Por otro lado, la monodia acompañada en el estilo religioso se traduce en los recitativos sagrados de Cavallieri o Caccini. La melodía siempre se acompaña y apoya de un bajo continuo, como ocurre en las obras de Ludovico Vidiana. Pero el estilo más común y utilizado va a ser el estilo concertado, que tiene su máxima expresión en las esplendorosas "Vísperas de la Beata Virgen" de Claudio Monteverdi.
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Claudio Monteverdi y la ópera
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Precisamente Monteverdi será el gran músico de la ópera, no por ser muy prolífico o por su importancia extrema en los teatros y salones, sino por ser la piedra de toque desde la que partió, por así decirlo, el "buque fantasma" de la ópera, que, errante, ocupa aún a las huestes musicales de nuestros días, y que vio su nacimiento definitivo con un título que no hay que saltarse en la historia de la música: "La favola in musica d'Orfeo". El "Orfeo" de Monteverdi es la primera gran obra del género operístico, estrenada allá por 1607 en la "Academia degli Invaghiti" de Mantua, ante el gran duque de esa ciudad y, a la sazón, dedicatario de la obra. La preocupación de Claudio Monteverdi despunta en esta obra con el logro de una coherencia musical y dramática, que alterna recitativos expresivos y descriptivos de la acción (a veces llenos de patetismo), arias de recreo, intervenciones corales e interludios concertantes instrumentales, sin olvidar canciones de danza, dúos, y madrigales. A esto se le une el carácter musicante del argumento (Orfeo es invencible gracias al poder "hipnótico" de su lira) que subraya la filosofía musical del autor.
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La estilización y enriquecimiento expresivo que aporta la introducción de la música a un libreto dramático, proceso del que resulta el producto de la ópera, tuvo otros primeros ejemplos en la época barroca, como son "Dafne" y "Eurídice" (primera ópera completa que conocemos) de Jacopo Peri (1561-1633), la "Eurídice" de Giulio Caccini (c.1550-1618), o, por último,"Anima e Corpo" de Emilio de Cavallieri (ca. 1550-1602).
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Madrigales y otros cantos
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Una de las formas musicales que van casi siempre unidas, en primer término, al nombre de Monteverdi es el "madrigal". El propio compositor mostró en este tipo de obras el salto o el camino de cambio del Renacimiento al Barroco musicales. Monteverdi comenzó a componer madrigales al estilo renacentista (contrapuntístico), pero él mismo cambió paulatinamente su práctica musical, e introdujo la monodia acompañada (que subraya grandemente, con recitativos, la claridad, expresión e importancia dramática del texto cantado), el estilo concertante, el empleo fijo del bajo continuo y la utilización de instrumentos con "ritornellos" (interludios instrumentales).
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Hasta ahora hemos visto que la música ha estado subordinada al texto, pero en la siguiente etapa barroca se va a desarrollar el estilo del "bel canto", una nueva concepción de la melodía que pretende que la música se coordine y no se subordine a los dictados de las letras. Las melodías serán bien definidas y breves, se impulsará la utilización del ideal sonoro de la voz del castrato, y se empleará el modelo de la música de danza (donde predominaba el ritmo ternario), evitándose, en cambio, grandes contrastes rítmicos. Esta nueva postura italiana con respecto a la escritura vocal ayudará a la diferenciación entre recitativo y aria, aún no muy diluida en estos tiempos del Barroco, aumentando así el estilo belcantista el melodismo y el preciosismo calmado del "aria", en oposición a la sequedad del cada vez más diferente y alejado recitativo.
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La cantata de cámara (sucesora del madrigal) desarrollará estos principios, estilo en el que destacaron los prolíficos Luigi Rossi (con alrededor de 375 cantatas compuestas), Giacomo Carissimi o Antonio Casti.
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El oratorio, la composición dramática sagrada que presenta un tema bíblico, nace como sustituto de la ópera en época de Semana Santa, cuando estaban prohibidas las representaciones dramáticas. La diferencia básica con respecto a la ópera estriba en que el oratorio no es representado escénicamente, carencia que se suple con la intervención del narrador, y apela abiertamente a la imaginación del público. La gran obra de Cavallieri "Rappresentatione d'anima et de corpo" puede considerarse como el primer oratorio. Destacaremos también la figura de Giacomo Carissimi y sus quince oratorios, basados en su mayoría en el Antiguo Testamento, aunque sean más conocidos los aportes posteriores de Johann Sebastian Bach y sus indiscutiblemente magistrales oratorios evangélicos (las Pasiones según San Juan y según San Mateo) o el quehacer de (un germano en la corte inglesa) Friedrich Haendel y su gran número obras en este campo.
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Henry Purcell
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Precisamente el barroco inglés, dejando a un lado el barroco francés de corte de Lully (autor de suites de orquesta y ballet, y de algunas óperas) y el conservadurismo del barroco alemán previo a Bach (con Praetorius, Schein, Scheidt y Schütz, concentrados en el coral luterano y desbordados por las influencias italianas), será el estilo que aportará una figura importante al espectro operístico: Henry Purcell. Compositor de las típicas obras religiosas anglicanas "anthems" y "services", con su compatriota y maestro John Blow, fue organista en la londinense abadía de Westminster desde 1679. Abordó variados géneros, pero su obra maestra es la ópera "Dido y Eneas", sobre un libreto del dramaturgo británico Nahum Tate que representa la historia de un capítulo de la "Eneida" de Virgilio. Es una ópera "en miniatura", escrita para un internado de niñas de Chelsea (colegio sito en este, actualmente, barrio de Londres), con tan sólo orquesta de cuerdas y continuo, y cuatro papeles vocales. Influencias italianas y francesas en tres actos que incluyen danzas y coros son otras de sus características.
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El barroco instrumental
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El último capítulo barroco que veremos será el apartado de la música instrumental. Ya se ha mencionado a los instrumentos como parte integrante de algunas obras, y, sobre todo, dentro de la orquesta. La orquesta o conjunto instrumental que se establecerá en el Barroco es el grupo de las cuerdas frotadas: violines, violas, violoncelos y contrabajos. También citaremos los instrumentos de cámara más usados, que son los "cornetti", la trompeta y la flauta dulce.
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Con esta base, y las aportaciones de las novedades estilísticas del barroco musical, la música para instrumentos experimenta un desarrollo notorio y primario, tras la subordinación o relego a la sustitución de voces vocales que sufrieron en el Renacimiento. La sonata es un género instrumental camerístico que surge en el Barroco en el que intervienen varios (pocos) instrumentos y el apoyo del bajo continuo. Eran colecciones de danzas constituidas por movimientos rápidos y lentos, y que se interpretaban en salas o cámaras ("sonata da camera") o en los interludios o descansos y silencios de la liturgia eclesiástica ("sonata da chiesa").
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Arcangelo Corelli (1653-1713), representante de la influyente Escuela de Bolonia, fue el primer compositor de este género, concentrando su producción en los instrumentos de cuerda. Su influencia llegó a ser decisiva en el desarrollo de la sonata en compositores como Purcell, Haendel o Buxtehude, y sirvió de principio para las sonatas de Albinoni, Vivaldi o Veracini.
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La música escrita para conjunto orquestal se concentra en la estilización de dos líneas principales: la suite orquestal y el "concerto". Las suites, derivadas de las sonatas de cámara, es una sucesión contrastada de danzas que siguen el esquema de los ballets y óperas del francés Jean-Baptiste Lully, comenzando normalmente con una obertura. Es música pensada para la diversión cortesana y el creciente público burgués de la segunda mitad del siglo XVII en Alemania.
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Por otra parte, el "concerto" supone la síntesis del principio concertado, la monodia acompañada, la organización tonal y la sucesión de movimientos alternos, características que han teñido, hasta ese momento, a toda la música barroca. El concierto consistía en una composición, generalmente tripartita, que combinaba y oponía las diversas voces e instrumentos de la orquesta en una armonía y acuerdo ("concierto") en forma de diálogo. Arcangelo Corelli vuelve a ser una figura importante en el desarrollo de esta forma musical, y escribió varias colecciones de "concerti grossi" (donde un pequeño grupo de instrumentos se enfrenta al resto de la orquesta), siguiendo cercanamente el patrón de las sonatas de cámara e iglesia.
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La otra gran figura del concierto barroco es el enormemente prolífico Antonio Vivaldi. El "cura pelirrojo" de Venecia ejerció como maestro de música en el hospicio de La Piedad de Venecia. Con él, el concierto "a solo" (para instrumento solista y orquesta) llega a su máxima expresión. No podemos olvidar su ciclo de carácter programático "Las Cuatro Estaciones", colección de otros tantos conciertos para violín y orquesta, ejemplo magnánimo de la composición concertística y una de las piedras preciosas que fundan el repertorio de todo buen amante y aficionado a la música clásica.
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Tan sólo nos quedaría por tratar las míticas figuras de Juan Sebastián Bach y Friedrich Haendel, máximos baluartes del quehacer barroco, autores que tocaron diversos géneros y formas y que establecieron una importante y generosa base para su posterior desarrollo en lo que se vendría llamar el período del estilo clásico (o "clasicismo"). Pero merecerían un buen capítulo aparte, al igual que la continuación de la historia operística, que comienza a diverger entre seria y bufa, pie para la creación de los géneros operísticos que, desde una época más tardía, con Mozart, por ejemplo, se establecerían en el clasicismo y llegarían a su cumbre en el siglo XIX.
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Música Barroca

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Este periodo es una de las épocas más importantes en la Historia de la Música por el enorme espíritu de creación que hay en él y por los músicos de primerísima línea que surgen. Las cualidades de esta música son: - Se impone el sistema armónico, es decir, tendencia vertical no horizontal. Habrá una voz principal y las demás la sirven con el acompañamiento, esto se llama Monodía acompañada y este acompañamiento lo realiza elBajo Contínuo. - Se emplea la disonancia tanto en las partes fuertes como débiles del compás. - Se busca un ritmo muy marcado que se llama ritmo mecánico por sus pulsaciones fuertes y normalmente repetidas. - Ya no son intercambiables los diversos tipos de música, es decir, la música instrumental no se puede cantar y viceversa. El hombre barroco vive una época de crisis tanto económica como espiritual. Esta situación social se va a reflejar en todas las artes, y en Música se dará un sentido dramático y expresionista. El Barroco lo podemos subdividir en 3 períodos: a) Barroco Temprano (1580-1630): se busca la disonancia, obras poco extensas y comienza la diferenciación entre música vocal e instrumental. b) Barroco Medio (1630-1680): época de la "Opera" y la "Cantata". c) Último Barroco (1680-1750): las formas adquieren unas dimensiones largas. Aparece el estilo "Concerto". La música instrumental domina a la vocal. Las formas musicales barrocas -Las formas instrumentales- En esta época se va a tratar de producir una música independiente de otros elementos como la palabra, es decir, se puede producir música pura. A todo ello va a contribuir el enorme perfeccionamiento de algunos instrumentos como "el violín". Surgirán los mejores constructores de todos los tiempos: Stradivarius, Amati y Guarnerius; el perfeccionamiento les es exigido por la propia estética de la música instrumental barroca que llega a un gran virtuosismo y por ello los instrumentos tienen que ser capaces de desarrollar grandes velocidades. Tres son las grandes formas de la música Barroca: 1. La Suite: Es la unión en una sola obra de varias danzas de distinto carácter, con lo que se consigue dar el sentido dramático de "contraposición" típico del Barroco. Normalmente se unen danzas de distintas naciones. 2. La Sonata: Su origen está en la contraposición de movimientos, que se reducen normalmente a cuatro. Corelli los ordena así: a) Grave b) Allegro en estilo fugado c) Moderado d) Vivo La Sonata suele ser para instrumento solista y puede ser "a solo", "a dúo" o "a trío". El Concerto Grosso: Podemos decir que es el hijo de la Sonata (la Sonata se hace Concierto cuando pasa a orquesta). En el Concerto se ven mejor las cualidades barrocas por la contraposición entre los diversos planos de la orquesta completa. Normalmente tiene 3 movimientos: 1º rápido; 2º lento; 3º rápido, aunque se puede variar. El más destacado en Italia va a ser Antonio Vivaldi, sin duda uno de los genios más grandes de este periodo musical.. Sacerdote, violinista de primera línea, compone además muchas óperas; representa la culminación del barroco instrumental italiano. Entre sus obras más importantes: La Stravaganza, Il cimento della armonía e della invencione (contiene "Las Cuatro Estaciones"). La influencia de Vivaldi en la música instrumental fue tan grande como la que había tenido Corelli antes de él. La belleza de los temas que usa, la claridad de forma, su vitalidad rítmica, tendrán una enorme influencia en toda la historia del Concerto, especialmente en Bach.
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-Formas vocales profanas- La Ópera in Música es la representación en un teatro de algún tema, con la contribución de unos personajes que cantan en vez de hablar una acción tal como sucede en el teatro, un escenario, una orquesta y unos coros. Surge en Italia y va a ser un entretenimiento de carácter popular en Venecia y de carácter aristocrático en Florencia. Parece ser que la primera Opera es "Dafne" de Jacobo Peri, ahora bien, como se ha perdido, se considera simbólicamente a otra obra de Peri, "Eurídice", estrenada en Florencia. El éxito de este estilo será grande y surgirán toda una serie de obras importantes como "Orfeo" y "El retorno de Ulises" de Monteverdi. En Italia surgirán cuatro escuelas operísticas: - La Veneciana: de carácter popular. - La Florentina: proviene de la Camerata (grupo de intelectuales y artistas que se reunían en casa del Conde Bardi, donde comenzó a representarse la ópera), de gusto más aristocrático. - La Napolitana: caracterizada por su afición a lo cómico y donde encontrará forma definitiva el Bel Canto. - La Romana. -Formas vocales religiosas- La música religiosa sigue teniendo gran importancia en el Barroco. La iglesia la necesita más que nunca para sus impresionantes ceremonias. Esto propiciará que, tanto en el protestantismo como en el catolicismo, surjan una serie de formas musicales de gran importancia, además de una riquísima música de órgano. La iglesia se valdrá de todos los inventos nuevos, especialmente del estilo concertato, la monodia, el bajo contínuo, los dobles coros y los pondrá al servicio del culto. Las 3 formas vocales religiosas son: - El Oratorio: forma musical parecida a la Ópera donde se canta un drama de carácter religioso sobre el Antiguo o Nuevo Testamento, donde los personajes no actúan, sino que se limitan a cantar. Surge en Roma, pero rápidamente se extenderá por toda Europa. - La Cantata: forma musical compuesta sobre un texto religioso de carácter lírico en el que intervienen solos, orquesta y coros, y formada por arias y recitados. No se canta una historia como en el Oratorio. Tiene origen profano. - La Pasión: Es como una gigantesca Cantata para celebrar la Pasión y muerte de Cristo. Sólo se canta, no se representa.

El Barroco Alemán

Sus características generales son: Ø El género musical de los protestantes seguirá siendo "El Coral" Ø Está muy influido por la música italiana, sobre todo de Corelli y Monteverdi. Ø El gran móvil es la religión. Ø El órgano es el instrumento esencial para la liturgia. Desde el comienzo destacan dos músicos importantes: Johann Pachelbel y Juan Sebastián Bach.

El Barroco Inglés

La música inglesa después del Renacimiento entrará en una decadencia por el puritanismo de Cromwel, que lleva a un desmoronamiento del mundo artístico, pero pronto volvió a resurgir el gusto por la música pues al ser en su mayor parte protestante, necesitaba la música para sus cultos. La llegada de la dinastía de los Hannover, de origen alemán, traerá a esta nación, además, el gusto alemán en música. El gran representante es Georg Friedrich Händel, alemán afincado en Inglaterra que, dada su influencia, el estilo que va a surgir será una mezcla de lo alemán con lo inglés. Ahora bien, antes de Händel hay un músico de gran importancia Henry Purcell (1658-1695), conocido como el músico de la Restauración. Su producción estará dedicada ante todo a la música religiosa. En su música instrumental destaca por sus Fantasías para orquesta de cuerda, aunque donde ha obtenido más trascendencia es en sus óperas: Dido y Eneas, El Rey Arturo y La Reina india. También es muy importante por haber llevado a su cumbre una forma muy inglesa, el "Anthem" (música para la liturgia de la iglesia reformada).

El Barroco Francés

Este periodo se va a extender durante el reinado de tres reyes: Luis XIV (la época del Gran Siglo); La Regencia y Luis XV (el Rococó) y el reinado de Luis XVI (la música sigue con los gustos del Rococó pero tendiendo hacia el Clasicismo. -Primera época - La situación social que plantea el gobierno de Luis XIV (Rey Sol) hace que la música pierda las cualidades dramáticas típicas del Barroco en busca de algo más decorativo, solemne y aristocrático. La música de esta época va a estar dominada por un italiano Juan Bautista Lully. Su obra es esencialmente escénica; comienza con una serie de ballets e intermedios teatrales hasta terminar colaborando con Corneille y Molière. Recibe el monopolio de la Ópera triunfando sobre músicos franceses como Charpentier, que compone sobre todo música religiosa. -Segunda época - Es durante el reinado de Luis XV y se conoce con el nombre de Rococó: un estilo que el que se trata de buscar una especie de decoración externa en la música. Se trata de reflejar un mundo ficticio y estilizado que plantea la situación social, política y espiritual. Cualidades: Ø Música acordal. Ø Melodías y temas diminutos que se repiten mucho. Ø Abundancia de adornos que ahogan a la propia melodía. Ø Acordes musicalmente muy pobres. Se ofrece una música con repeticiones de danzas como el minué y la gavota, distinguiendo la música de ópera y la de teclado. La ópera se va a mezclar con el ballet, surgiendo un género intermedio de danza y canto, la "opera-ballet" en la cual se pierde la unidad dramática. Será necesaria la contribución de Jean Philippe Rameau (1683-1764), para arreglar esta situación y devolver esta unidad dramática. Entre sus obras destaca: "Castor y Pollux", "Platea y Pigmalión" La música para teclado tiene dos grandes intérpretes: el propio Rameau y François Couperin (1668-1733), al que llamarán "El Grande". Deja cuatro libros de piezas para clavecín. Es una música agradable y conmovedora con la gracia típica del Rococó. -Tercera época - Llega hasta el Clasicismo y musicalmente es mucho más pobre que las anteriores. Destaca el filósofo-músico Juan Jacobo Rousseau (1712-1778), aunque sus obras dejen bastante que desear musicalmente, va a crear una ópera importante Le Devin de Village. La importancia de este momento consiste en lo que se llama la Querella de los Bufones (disputa que comienza con la representación de la ópera bufa de Pergolesi La Serva Padrona). Dentro de este periodo se encuentra la ópera de Cristoph Gluck (1714-1787). Aunque es alemán, estrenará la mayor parte de su obra en París. Sus aportaciones son: Ø Elimina el exceso de decoración y mal gusto de la ópera. Ø Da al coro una función dramática. Ø Usa la orquesta para acompañar todo, incluso los recitativos. Ø Reformó el libreto sobre el que se componía. Entre sus obras destacan: Orfeo y Eurídice, y Alcestes.

El Barroco Español

El comienzo del Barroco en España coincide con la muerte de Felipe II y por ello con nuestra decadencia política. Aunque en las letras y artes llegan a su cumbre más alta (Cervantes, Calderón, Góngora y Quevedo, Velazquez y Zurbarán), en música no. Las razones son: Ø Se deja de valorar la música. Ø Repiten lo que se había inventado en el Renacimiento o se dedican a imitar lo de Italia y Francia. Ø El hecho de que la música renacentista fuera ante todo religiosa y que el Madrigal no tuviese una vida larga (pues la música barroca surge de la evolución de éste). Los elementos que definen el barroco español son: Ø No se siguen los estilos europeos (Concerto, Suite, Pasión, Oratorio). Ø Nacen formas típicas: la zarzuela y la tonadilla. Ø Siguen teniendo importancia las formas religiosas. Ø Sigue en vigor la escuela organística de Cabezón. El Barroco en España comienza con la monodia acompañada como en el resto de países. La música monódica en el siglo XVII está libre de influencia italiana, lo que no ocurrirá con la del XVIII. Entre los músicos que componen esta música están: Sebastián Durón y Juan Hidalgo. Por otro lado, España tenía una gran tradición en la música escénica desde el Medievo, y en los inicios del Barroco había en Madrid, nada menos que 12 compañías. Los músicos recurrirán a los textos de nuestros grandes dramaturgos (Tirso, Calderón, etc.). Entre estos músicos se distinguen Juan Hidalgo y Carlos Patino. Como hemos dicho antes, surgen nuevos géneros. "La zarzuela" se puede definir como una obra de teatro en la que alternan las escenas habladas con las cantadas. La música se aplica a las partes más líricas, por ello tiene una clara relación con el Singspiel alemán. "La Tonadilla" es una obra escénica que terminaba con danzas de claro carácter español, posteriormente se añadirán otras piezas en su interior. -La música instrumental- Esta música sigue por tres cauces: la guitarra, el órgano y la música para orquesta. Ø La guitarra: sigue siendo nuestro gran instrumento nacional, con una gran genio que es Gaspar Sanz. Ø El órgano: Junto con el clavecín siguen teniendo mucha importancia por el carácter religioso del pueblo español. Entre los organistas destacan Francisco Correa de Araujo y Juan Cabanilles. Ø La orquesta: El gran músico de esta época es el Padre Soler. Tiene una obra extensa y variada, con villancicos profanos y sacros, escribirá obras de teatro como El defensor de su agravio y varias obras para la liturgia del Escorial. Tratará de modernizar la escuela de tecla y fruto de ello son sus Seis conciertos para órgano obligado, Quintetos con cuerda y órgano y centenares de sonatas para clave. El P. Soler es un hombre tránsito pues en él se pueden ver rasgos Barrocos, Rococós y Clásicos.

Rencilla entre Haendel y un cantante

• En una ocasión un cantante con el que se había estado presentando en concierto, se quejaba mucho de la manera en que Haendel lo acompañaba al clavecín. Tanto era su enfado que un día amenazo al compositor diciéndole que si seguía acompañándolo así, saltaría sobre el clavecín hasta hacerlo añicos. Al escuchar esto Haendel le respondió: "Avísame cuando vayas a hacer eso para anunciarlo, pues estoy seguro que vendrá más gente a verte brincar que la que viene a oírte cantar."

Vivaldi deja a medias un servicio religioso

• Mientras Antonio Vivaldi predicaba misa, se le vino una idea musical repentinamente. En ese mismo momento, "Il prete rosso" abandonó la misa, entró en la sacristía y se puso a escribir la música que le vino a la mente. De ese tema saldría el Primer Concierto de l'Estro Armonico. Los nobles de la iglesia denunciaron lo ocurrido y se amonestó a Vivaldi encerrándolo una semana en el convento de clausura de los carmelitas. También se denunció el hecho ante la Inquisición, que lo culparon de hereje y blasfemo. Pero el marqués de Chiaravalle, que era un gran amante de su música, defendió a Vivaldi recordando su gran aportación a la música sacra. Al final dejaron libre a Vivaldi.

Huyendo al matrimonio

• Según la costumbre alemana en la sociedad de la época barroca, un clérigo protestante o un organista solía verse obligado a casarse con una hija de su antecesor. Cuando Buxtehude buscaba sucesor, se interesó por el puesto Johann Mattheson (1681-1764), compositor alemán, el cual escribió: "Llevé a Händel conmigo... escuchamos a buenos artistas... pero cuando se habló de una alianza matrimonial... hacia la que ninguno de los dos sentíamos la menor inclinación, nos despedimos tras haberlo pasado muy bien y sin estar más interesados en el puesto..."

Egipcios y Griegos... Pilares de la Cultura

Los egipcios también practicaban la música y, como sus relaciones con Mesopotamia eran muy ricas, conocían los mismos instrumentos. También tuvieron relación con el mundo griego, de quienes tomaron instrumentos como los platillos, la cítara y la flauta de pan. Todas estas prácticas musicales aparecían representadas en el interior de las tumbas de los faraones como Tutankamon, Amenofis II o Ramses III. O en templos como el de Hapsepsut, la única “faraona” conocida.
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En el mundo griego, todo se celebrará con música: ceremonias religiosas, banquetes, contiendas políticas... Será tan importante, que todos los textos líricos eran cantados en público con acompañamiento instrumental. Incluso en el teatro, las representaciones dramáticas no sólo consistían en diálogos que escenificaban afamados actores, sino que incluían partes instrumentales y corales que hacían las delicias del público. En Grecia, la lyra será el instrumento de cuerda por excelencia, creada a partir de un caparazón de tortuga y tocada con un plectro (una especie de cejilla de gran tamaño).
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Por fin llegamos a Roma. Los romanos admiraban mucho a los griegos y así “tomaron prestadas” muchas de sus costumbres musicales. Al igual que en Grecia, eran muy importantes las obras de teatro que incluían música, aunque introdujeron novedades. Por ejemplo, en las comedias teatrales aplicaron una técnica que llamaron contaminatio, que consistía en introducir en una comedia trozos de otras del mismo o de distinto autor. Cambiaron el nombre a muchos instrumentos e inventaron nuevos espectáculos, como el mimo y la pantomima, que eran obras de teatro mudas.
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Artículo encontrado en la dirección:
http://aula.el-mundo.es/aula/noticia.php/2000/11/15/aula974229611.html

La música en las Culturas Antiguas

Hasta finales del siglo pasado los conocimientos sobre músicas primitivas o músicas de culturas actuales exóticas revestían un carácter puramente legendario, mezcla de mitos y de realidades.
La seriedad de las investigaciones han conducido a una verdadera especialidad, la etnomusicalogía.
En líneas generales, los cantos primitivos son de ámbito melódico muy limitado, a base e muchas repeticiones y muy cercanos al lenguaje hablado, insistiendo en un mismo nivel recitativo de altura de sonido. La individualidad creadora de las melodías estaba sujeta concierta frecuencia a ciertos tipos melódicos transmitidos secularmente y cuyo origen enraizaban con los dioses.
Los signos de escritura musical que han podido conservrse en alguna inscripción sólo son jeroglíficos que marcan el ascenso o descenso del sonido, como ayuda en el movmiento de la mano en medio de una gran libertad improvisatoria.
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La Música en Siria.
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El arte musical sirio es el único cuya tradición se ha conservado hasta la actualidad. El canto gregoriano brota esencialmente del suelo sirio y es un vivo testimonio de la música antigua en este país. Los instrumentos más importantes son: la lira, el oboe, la flauta doble y la trompeta. En las antiguas civilizaciones los músicos eran las personas más importantes, después de los reyes y los sacerdotes. Esto era especialmente cierto en Siria. Cuando las tropas capturaban una ciudad siempre perdonaban la vida a los músicos.
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La Música Hebrea
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En el pueblo hebreo tampoco existe ningún signo que indique cómo se representaban los sonidos. Los libros sagrados están llenos de citas alusivas al cultivo de la música. Los instrumentos más usados son: tambor, arpa, flauta, trompeta y cuerno de animales.
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La Música Egipcia
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En Egipto la mayoría de los músicos que actuaban para los nobles eran mujeres y a menudo eran enterrados cerca de las tumbas reales. La música intervenía en todas las etapas de la vida. Bailarinas y flautistas acompañaban a los trabajadores en los campos y cuando celebraban la fiesta de la vendimia. Los instrumentos que solían tocar eran el arpa, la lira y el laúd. Instrumentos de plata y bronce, como las trompetas, se usaban principalmente en ceremonias militares. En la antigüedad los egipcios empleaban la música en diversas actividades cotidianas, pero fue en los templos y en su ceremonial donde tuvo un desarrollo más intenso. No se conoce con exactitud cómo era la música egipcia, porque no se escribía, sino que se trasmitía oralmente; no obstante se conservan los textos empleados en algunas ceremonias- como las de los cultos a Isis y Neftis-,que permiten suponer que dos sacerdotes alternaban en el canto, combinados con solos a cargo de las sacerdotisas que representaban a la diosa. Para el estudio de la música egipcia existe documentación gráfico-jeroglífica, bajorrelieves y textos, que atestiguan el uso y forma de sus instrumentos y su importancia en el culto religioso. Entre los instrumentos más apreciados destacan el sistro, instrumento de percusión con un marco de madera en forma de U, con un mango como asidero,con barras cruzadas que sostenían unas placas metálicas.
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Otro instrumento muy utilizado en el antiguo Egipto fue el arpa con caja armónica baja. Entre los instrumentos de viento se utilizaban la flauta recta, la chirimía doble,de caña, que consistía en dos tubos paralelos provistos de lengüeta, que sonaban al unísono; y en los desfiles militares una especie de trompeta de cobre o de plata. Hacia el siglo XVI a de C., el contacto de los egipcios con Mesopotamia contribuyó al desarrollo y asimilación de un nuevo estilo de música oriental de carácter fundamentalmente profano. Esta influencia se advierte en un tipo de baile más rápido que el practicado durante los imperios Antiguo y Medio, y sobre todo, en los numerosos instrumentos asiáticos que llegaron a Egipto. Entre ellos tuvo gran importancia el oboe doble, con dos cañas colocadas en ángulo,y mientras una ejecutaba la melodía, la otra la acompañaba con una nota grave que sonaba ininterrumpidamente a modo de nota pedal. Durante el Imperio Nuevo aparecen además en Egipto otros instrumentos como las arpas angulares, de caja armónica alta, que se fue perfeccionando hasta convertirse en un magnífico instrumento de unos seis pies de altura, con diez o doce cuerdas y un marco profusamente tallado. Posteriormente, durante la ocupación griega, los egipcios adoptaron muchos elementos de la música helena, aunque la influencia de Egipto sobre Grecia fue enorme. Aunque ignoramos su sistema musical, se da por seguro que en el Imperio Nuevo se utilizaba la escala de siete sonidos. Además, Pitágoras, griego, educado en los templos egipcios y fundador de la teoría matemático-musical griega, asimiló gran parte de la ciencia egipcia. Por otro lado, Claudio Ptolomeo, que vivió el ocaso de la cultura egicia,fue un importante matemático y teórico de la música, y en el siglo II a de C. El griego Ctesibios, residente en Alejandría inventó el órgano hidráulico, instrumento en el que el suministro de aire de los tubos era realizado por un mecanismo que utilizaba la presión del agua. Aunque gran parte de la cultura egipcia pasó a Grecia, tambien alcanzó a la iglesia copta y posteriormente se mezcló con otras civilizaciones.
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La Música Griega
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Es de los antiguos griegos de quien tomamos la palabra música. La llamaban mousike, después de las nueve musas, diosas de la inspiración. Tomaron sus ideas musicales de Mesopotamia y Egipto. La música en Grecia abarcaba la poesía, la música y la danza. Atribuían su origen a los dioses. Platón la consideraba como la base de la educación. La escritura musical la realizaban con las letras del alfabeto. Existían muchas leyes y reglas que regían la música: diferentes escalas que a su vez formaban modos. De estos modos, más o menos se derivan nuestros tonos modernos. Los griegos daban gran importancia a la música. Todos los años se celebraba una competición en Atenas. Cada distrito formaba un coro y cantaba un dynyramb, especie de himno que se interpretaba en ceremonias religiosas y otras ocasiones. La gente usaba una vestimenta especial y había también danzas. Los griegos en sus representaciones teatrales cantaban. A menudo efectuaban festivales en honor al dios Dionisio. La mayoría de los instrumentos de cuerda usados por los griegos provenían de Oriente Medio. Los más usados eran el arpa, o la lira, a la que llamaban khitara o gran lira y una flauta de doble caña llamada aulos (primitiva chirimía griega).
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La Música en el Imperio Romano
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No tiene características propias, pues fue musicalmente heredera de otras civilizaciones, especialmente de Grecia. Existieron escuelas de tocadores de flautas y trompetas. Tiene dos características especiales: el desarrollo y perfeccionamiento del "órgano" y el nacimiento de la música cristiana que sirve de unión entre la música antigua y la moderna a través de la Edad Media. En Roma, como en Grecia, las interpretaciones teatrales eran acompañadas por la música, al igual que la lucha de los gladiadores. Se usaban trompetas y címbalos (platillos metálicos); también se valían de tambores, órganos y flautas, que los romanos llamaban tibia (aulos por los griegos). Los juglares y acróbatas actuaban en las calles de la ciudad acompañados por personas que tocaban la tibia y las panderetas. Los ricos organizaban conciertos en sus villas. Los cantantes daban grandes conciertos y a menudo eran muy bien pagados. El emperador Nerón, que cantaba y tocaba la khitara, dio un concierto en el teatro de Pompeya en el 65 d.C. Al año siguiente hizo una gira por Grecia como cantante.
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